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Herpes zóster

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¿Qué es el herpes zóster?

El herpes zóster es una infección producida por el virus varicela-zóster, que es el mismo que produce la varicela.

¿Cómo se produce?

Cuando un niño o un adulto se contagia por primera vez por el virus varicela-zóster padece la varicela. Una vez pasada la infección el virus no desaparece del organismo, sino que permanece en él de forma inactiva en determinados ganglios del sistema nervioso durante toda la vida y en la mayor parte de los casos sin producir trastorno alguno a lo largo de ella.

Sin embargo, puede ocurrir que después de un tiempo más o menos largo, a veces muchos años tras la remisión de la varicela, el virus se reactive en el ganglio en el que permanecía  y se propague a través del nervio que parte del mismo, originando el proceso.

¿Por qué se produce?

La causa más frecuente de la reactivación del virus es la disminución de las defensas del organismo provocada por enfermedades, medicamentos, malnutrición o edad avanzada, aunque con frecuencia la causa no puede precisarse. Puede aparecer a cualquier edad, siendo más frecuente en la edad adulta que en la infancia. En el niño es raro antes de los 5- 6 años y en el adulto ocurre sobre todo a partir de los 50 años.

Aunque puede afectar a niños correctamente vacunados frente a la varicela por reactivación del virus vacunal, que es el mismo que produce el herpes zoster pero atenuado, su frecuencia es mucho menor que tras padecer la enfermedad.

¿Cuáles son los síntomas del herpes zóster?

Se origina una erupción (vulgarmente conocida como “culebrilla”) formada por vesículas semejantes a las de la varicela, aunque más pequeñas, sobre una base de piel enrojecida y que se extienden a lo largo del trayecto del nervio correspondiente al ganglio afectado. Aunque puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, las localizaciones más frecuentes son el costado y la espalda.

La afectación de la piel puede acompañarse de una ligera elevación de la temperatura y cierta sensación de quemazón o dolor localizado. El dolor puede aparecer incluso  unos días antes que las lesiones de la piel. En su evolución, las vesículas se rompen, se secan y se cubren de una costra en unos 10 días; estas costras caen, dejando manchas residuales que desaparecen a lo largo de varias semanas.

Complicaciones

En los niños, la gran mayoría de los casos de herpes zóster se curan sin tratamiento alguno y no se producen secuelas.

Son poco frecuentes las siguientes complicaciones:

  • Dolor continuo (la llamada neuralgia posherpética) en la zona de la infección que puede durar semanas o meses tras la misma.
  • Infecciones asociadas en la piel afectada, sobre todo de origen bacteriano.
  • Afectación del sistema nervioso, neumonías, hepatitis o trastornos de la coagulación
  • Problemas visuales, si el herpes zóster afecta al ojo

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico suele hacerse por el aspecto y la localización de la erupción, junto con  el antecedente de haber pasado la varicela o haber sido vacunado. En casos de duda y en pacientes especiales con riesgo de complicaciones, puede investigarse la presencia del virus en las lesiones por distintas técnicas de laboratorio.

¿Cuál es su tratamiento?

En la mayoría de los niños previamente sanos solo es necesario el tratamiento de los síntomas como el picor, el dolor o la fiebre, si existe. Se debe mantener una buena higiene de la piel afectada para evitar las infecciones añadidas. No se debe administrar aspirina ni corticoides porque pueden ser causa de complicaciones.

Debe evitarse el contacto del paciente con individuos que no hayan pasado la varicela ya que estos pueden contraer dicha enfermedad.

Existe un tratamiento antiviral que está indicado solo en determinadas circunstancias, sobre todo cuando hay riesgo o se presentan complicaciones relacionadas con la disminución de las defensas.

¿Se puede prevenir el herpes zóster?

Lavacuna contra la varicelacon dos dosis, incluida en el calendario de vacunacion de toda España, es la mejor medida para prevenir el herpes zóster o que este sea mas leve en caso de presentarse. Actualmente se dispone de una vacuna frente al herpes zoster, pero indicada solo para adultos, a partir de los 18 años.

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Varicela

La varicela es una enfermedad infecciosa que produce una erupción muy característica. La causa es el virus varicela-zóster, llamado así porque también es el causante del herpes zóster. Se puede ver en cualquier época del año, aunque es más frecuente en invierno y primavera. Es una enfermedad clásica de la infancia y, a menos que se vacunen, casi todos los niños pasan por ella antes de la adolescencia. La varicela es muy contagiosa, de manera que, cuando hay un enfermo en la casa, el 80-90% de las personas que viven allí y no la sufrieron anteriormente la acaban contrayendo. Se transmite por contacto directo con las lesiones de la piel o a través de las gotitas de saliva que se expulsan con la tos o los estornudos. Los enfermos son contagiosos aproximadamente desde 2 días antes de aparecer la erupción hasta que todas las lesiones de la piel se han convertido en costras (alrededor 1 semana). ¿Cuáles son los síntomas? El signo más característico es una erupción en la piel en forma de pequeños granos que en poco tiempo se convierten en ampollas (vesículas llenas de líquido). Suele empezar por la cara, el tronco y el cuero cabelludo, extendiéndose después por todo el cuerpo. Tras un par de días las ampollas se van transformando en costras. Durante los primeros días aparecen varias oleadas de vesículas, por lo que pueden verse a la vez ampollas y costras. Las lesiones suelen producir mucho picor. Es muy frecuente que haya fiebre desde uno o dos días antes de aparecer la erupción. Otros síntomas frecuentes son dolor de cabeza, malestar general, pérdida de apetito o vómitos. ¿Cómo se diagnostica? La varicela suele diagnosticarse con facilidad al reconocer su apariencia típica, por ser una enfermedad muy frecuente y característica, sin precisar de ningún tipo de prueba complementaria. En casos muy concretos (dudosos y con riesgos de complicaciones) se puede buscar la presencia del virus en el líquido de las vesículas. Para conocer si una persona es inmune a la varicela se utiliza la serología (un análisis de sangre). ¿Qué puedo hacer? En general los niños sólo precisan tratamiento para aliviar los síntomas. En caso de usar medicamentos para la fiebre, debe evitarse el ácido acetilsalicílico, ya que su empleo en estos casos aumenta el riesgo de una grave complicación llamada síndrome de Reye . Para el picor pueden ayudar las lociones antipruriginosas o, si es muy intenso, los antihistamínicos orales (bajo prescripción médica). Aunque la mayoría de las lesiones de la piel suelen curar sin problemas, en ocasiones el proceso de cicatrización puede dejar alguna marca. Para evitarlo es importante prevenir las lesiones por rascado y las infecciones de la piel, cortando las uñas y bañando al niño a diario con un jabón suave. También es conveniente evitar la exposición al sol hasta que las lesiones hayan desaparecido por completo, dado que el sol favorece la aparición de manchas oscuras durante el proceso de cicatrización. Es normal que los niños pierdan apetito cuando están enfermos. Si ocurre esto, es mejor ofrecer comidas ligeras y líquidos para beber, sobre todo si tienen fiebre. El aciclovir es un medicamento antiviral que disminuye la intensidad y la duración de la varicela. En niños sanos no suele utilizarse porque sus beneficios son escasos y también puede causar efectos secundarios. El aciclovir se reserva para las personas con más riesgo de complicaciones (adultos, adolescentes mayores de 13 años y enfermos con problemas de defensas), pero para ser eficaz debe comenzarse en las primeras 24 horas desde la aparición de la erupción. Durante la fase contagiosa es importante aislar al enfermo de aquellas personas que no han pasado la enfermedad, en especial de las de mayor riesgo como los adultos, adolescentes, embarazadas e inmunodeprimidos (personas con las defensas muy bajas). A medida que mejoran pueden ir recuperando su actividad normal, pero es preferible retrasar el regreso a la escuela hasta que todas las lesiones se hayan secado, para evitar en lo posible nuevos contagios. ¿Qué consecuencias tiene? Lo normal es que la varicela curse en los niños como una enfermedad benigna, curando por sí sola en unos días. No obstante, a veces aparecen complicaciones que requieren atención médica. Las más frecuentes son las infecciones de la piel, favorecidas por el rascado de las lesiones. Una complicación menos frecuente es la ataxia cerebelosa (pérdida de equilibrio y descoordinación), muy aparatosa pero que también es pasajera. Más raramente se ven complicaciones más graves, aunque son más propias de los adultos o de niños con las defensas bajas. Una vez que se cura genera inmunidad permanente, por lo que es excepcional que alguien la padezca más de una vez en la vida. Después de pasar la varicela, algunos virus se refugian en células del sistema nervioso, donde permanecen inactivos. En algunas personas, después de años, el virus se reactiva y aparece el herpes zoster . ¿Cómo se puede prevenir? La manera más eficaz de evitar la varicela es mediante la vacunación. La vacuna contra la varicela previene la gran mayoría de los casos y casi la totalidad de las formas graves. También existe la inmunoglobulina antivaricela, que contiene anticuerpos frente a la enfermedad, y se utiliza en personas de alto riesgo que tienen contraindicada la vacunación por estar embarazadas o carecer de defensas (inmunodeprimidos).

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Eccema herpeticum o erupción variceliforme de Kaposi

¿Qué es y cuál es su causa? Es una infección extensa de la piel que suele producirse en personas con enfermedades dérmicas crónicas. Es poco frecuente. Afecta principalmente a niños con dermatitis atópica, pero también puede producirse sobre cualquier otra afección de la piel (dermatitis de contacto, quemaduras, psoriasis, etc.). Está producida por un virus, generalmente el virus del herpes simple tipo 1 (también productor de las calenturas de la boca), con menor frecuencia está implicado el herpes virus tipo 2 (relacionado generalmente con infecciones genitales). ¿Cómo se contagia? En la mayoría de los casos se contagia por contacto estrecho con una persona con lesiones por el virus del herpes simple tipo 1 (generalmente un herpes labial o “calentura”). El periodo de incubación es de 5 a 12 días. ¿Qué síntomas produce? Esta infección se manifiesta con lesiones dolorosas en la piel consistentes en vesículas (pequeñas ampollas) y costras agrupadas sobre zonas de piel enrojecidas. Las vesículas pueden tener un contenido sanguinolento. La erupción suele iniciarse en la piel más afectada por la dermatitis atópica y luego se va extendiendo al resto del cuerpo (principalmente cabeza, cuello, tronco y flexuras). Es frecuente que esta piel dañada se sobreinfecte por bacterias. Suelen asociarse síntomas generales como malestar, fiebre e inflamación de los ganglios cercanos a las áreas de piel afectada. En los casos graves, existe el riesgo de que el virus afecte a otros órganos del cuerpo o que la sobreinfección por bacterias se propague a través de la sangre (bacteriemia). ¿Cómo se diagnostica? El diagnóstico se basa generalmente en la entrevista clínica (antecedente de problemas cutáneos previos como dermatitis atópica) y en la exploración física (la erupción en la piel, arriba descrita, y malestar general). En los casos dudosos o más graves podrían ser necesarias otras pruebas más específicas y de ámbito hospitalario. ¿Cómo se trata? El tratamiento debe iniciarse de forma temprana para evitar complicaciones. Generalmente será necesario prescribir un antiviral (medicamento contra los virus), que se puede administrar por vía oral o intravenosa según la gravedad del caso. En ocasiones se asociarán tratamientos tópicos (que se aplican sobre la piel). Con el tratamiento correspondiente se previenen las complicaciones y se consigue su resolución en 2 a 6 semanas. En los casos graves podría ser necesaria la hospitalización para la administración de medicación intravenosa. En determinados pacientes, puede recurrir. ¿Cómo puede prevenirse? Los pacientes con dermatitis atópica o que hayan tenido un episodio de eccema herpeticum es conveniente que eviten el contacto con el virus del herpes simple. ¿Cuándo debo consultar? Si un paciente con dermatitis atópica (u otro problema de piel) experimenta un empeoramiento llamativo de sus lesiones y asocia síntomas generales (malestar, fiebre), es recomendable que acuda a su médico para valoración e instauración temprana del tratamiento adecuado.

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Herpes labial ("calentura")

Todos conocemos las típicas "calenturas" o "pupas" que aparecen en los labios o alrededor de la boca; pues bien, eso es el herpes labial. Se debe a la infección por el virus herpes simplex y consiste en pequeñas ampollitas que aparecen en los labios y que al poco tiempo se rompen para dejar una costra que puede tardar una semana en curar. La mayoría de nosotros está infectado por el virus y muchos niños antes de los 6 años ya han estado con contacto con él. Lo más frecuente es que esa infección no produzca ningún síntoma, de modo que pasa desapercibida y, aunque nuestro organismo elabora defensas (anticuerpos), el virus se queda en nuestro cuerpo, al parecer de por vida. Más tarde, en determinadas circunstancias que no están muy claras, como otras infecciones, fiebre, exposición al sol, pequeños traumatismos, estrés, etc., ese virus, que está como "adormecido", se activa y produce las "calenturas". En algunas personas esa "reactivación" se repite con frecuencia, por lo que se habla de herpes recurrente. En algunas ocasiones, la primera vez que entramos en contacto con el virus y nos infectamos sí que hay síntomas. Es más frecuente en niños entre 6 meses y 5 años, pero puede darse a otras edades, y se manifiesta por fiebre alta, babeo, inflamación de las encías (gingivitis) que pueden sangrar, mal aliento, ganglios en el cuello y, sobre todo, ampollas o úlceras, como las del herpes labial, pero que se extienden además de por los labios, por la piel de alrededor y por dentro de la boca, incluida la lengua, que son muy dolorosas y pueden provocar problemas a la hora de comer. Es la gingivoestomatitis herpética, que puede durar de 5 a 14 días. ¿Cómo se contagia? Ya hemos dicho que es un infección por un virus. De manera que todas las personas que han sido infectadas por él, hayan tenido o no síntomas alguna vez, pueden eliminar virus en la saliva. De modo que el contacto con la saliva a través de los besos, al beber de un vaso, etc. puede favorecer la infección. Si una persona tiene síntomas en ese momento, bien "calenturas" o, aún más, si es gingivoestomatitis, elimina mayor cantidad de virus y es más contagiosa. Pero no hay que alarmarse, porque debemos recordar que la mayoría ya estamos infectados. ¿Cómo se previene y se trata? La prevención consiste en evitar el contacto con la saliva, sobre todo en los casos de gingivoestomatitis. Los niños que la padecen deben ausentarse de la guardería o el colegio hasta que las ampollas están en fase de costra; deben evitar compartir utensilios (cubiertos, vasos, etc.) y tanto ellos como sus familiares deben lavarse a menudo las manos para evitar extender la infección incluso a otras zonas de la piel. Los niños con herpes labial, sea o no recurrente, no deben ser excluidos de las actividades de grupo, aunque deben evitar compartir utensilios. En los casos de herpes labial no es necesario tratamiento específico, solo aliviar los síntomas y evitar el sangrado de las costras con algún protector labial como vaselina. En los casos recurrentes el tratamiento es el mismo, pero si se conocen las circunstancias que provocan los "ataques" conviene evitarlas, así, por ejemplo, conviene llevar protección solar labial si se va a estar expuesto a los rayos del sol (esquí, salidas al campo, playa, etc.), evitar pequeños traumatismos como los provocados por morderse los labios cuando estamos nerviosos, etc. Las cremas con antivirales que se aplican sobre las lesiones tienen poco efecto beneficioso y son bastante caras. En los casos de gingivoestomatitis lo más importante es aliviar los síntomas: Para la fiebre y el malestar se puede emplear paracetamol o ibuprofeno, que tienen acción antitérmica y analgésica. Para las molestias producidas por las úlceras y la gingivitis pueden ser útiles anestésicos locales aplicados sobre las lesiones (su pediatra le puede aconsejar alguno), que conviene administrar antes de las comidas. En los casos en los que el niño tenga alguna dificultas para comer, es aconsejable utilizar alimentos fáciles de tragar (como purés, flanes, etc.) y más bien fríos, como los helados, evitar los cítricos (naranja, kiwi, etc.) y los alimentos salados o con demasiadas especias y ofrecer abundantes líquidos (leche, batidos, agua) para prevenir una posible deshidratación. Los antibióticos no son útiles al ser una infección vírica. Pero, en algunos casos, sobre todo aquellos que se diagnostican justo al comienzo de la enfermedad, puede emplearse un tratamiento antiviral específico (aciclovir) en forma de jarabe o comprimidos que, aunque no es imprescindible para la curación, puede acortar el cuadro. ¿Cuando tengo que consultar? En los casos de herpes labial no es preciso, salvo en los casos recurrentes y frecuentes (más de 6 casos al año). En la gingivoestomatitis: Al comienzo del cuadro para confirmar el diagnóstico. Si el niño no es capaz de beber o tragar. Si piensa que puede estar deshidratado porque tiene mucha sed, la piel muy seca, los ojos hundidos o no orina (por ejemplo en unas 8 horas). Porque le encuentra muy adormilado y le cuesta despertarle. Porque no le encuentra mejor después de unos días.

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Lactancia materna y vacunas

La lactancia materna no contraindica la administración de ninguna vacuna ni a la madre que lacta, ni al bebé, ni a quienes conviven con ellos ¿Se puede vacunar una mujer que amamanta? ¿Y al bebé? Rotundamente SÍ. La lactancia materna no contraindica la administración de ninguna vacuna ni a la madre, ni al bebé, ni a quienes conviven con ellos. Además, hay que tener en cuenta que: La lactancia materna nunca es un sustituto de las vacunas del lactante. Ambas son beneficiosas y complementarias. El lactante que está recibiendo lactancia materna puede y debe recibir las vacunas que le corresponden, incluidas las vacunas orales Las madres que amamantan a sus hijos y reciben alguna vacuna, pueden transferir defensas al lactante, en forma de anticuerpos que pasan a través de la leche y que podrían constituir una protección adicional aunque no significativa. Está demostrado que el acto de mamar unos minutos antes y durante la vacunación supone para el bebé un alivio del dolor y consuelo ante las molestias provocadas por los pinchazos (“tetanalgesia ”). Si la madre necesita recibir alguna vacuna que se pospuso por la gestación (triple vírica o varicela, por ejemplo), se recomienda hacerlo durante las primeras semanas tras el parto, esté o no amamantando a su hijo. Un hijo de madre portadora del virus de la hepatitis B si ha recibido al poco de nacer la vacuna y la inmunoglobulina específicas, puede ser amamantado sin riesgo de contagio. Existen algunas situaciones en las que se deben tomar ciertas precauciones: Si la madre tiene que recibir la vacuna frente a la fiebre amarilla , y el bebé tiene menos de 9 meses de edad, se debe suspender la lactancia y desechar la leche durante dos semanas. Si la madre u otro conviviente recibiera la vacuna frente a la varicela o el herpes zóster y presenta una erupción en la piel, se debe cubrir la zona afectada para evitar el contacto directo con el niño. En el caso de la vacunación frente a la covid con vacunas de ARNm y con vacunas con vector de adenovirus se recomienda mantener la lactancia tras la vacunación y no demorar esta por la lactancia. Las vacunas actualmente recomendadas en las mujeres con lactancia materna son las de ARNm. Al no tratarse de una vacuna con microorganismo vivo se estima, al igual que con las demás vacunas, que no hay riesgos relevantes para el lactante y la madre, ni hay que dejar pasar un tiempo para quedarse embarazada tras esta vacunación. ¿Dónde puedo encontrar más información? Comité Asesor de Vacunas de la AEP

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Dosier de la Sociedad de Medicina de la Adolescencia (SEMA) para las necesidades de salud del adolescente

La adolescencia es una etapa de grandes cambios cuyo objetivo es que el adolescente encuentre su propia identidad. Durante este periodo, el adolescente tiene unas necesidades de salud. Familia y amigos: Es importante que sepa que los padres lo quieren de una forma incondicional, pero que no son sus amigos, ni sus colegas. Por lo tanto le exigirán y le pondrán límites, dándole más libertad conforme se haga más responsable de sus decisiones. Prevención: Las vacunaciones forman parte de una vida saludable. Se deben conocer las vacunas correspondientes a su edad en su país, así como las que pudiera precisar si viaja al extranjero. Alimentación y ejercicio físico: La dieta debe ser equilibrada y sana; además es esencial llevar una vida activa haciendo ejercicio físico de una forma regular. Sueño: El rendimiento se verá beneficiado con unas pautas de sueño regulares , durmiendo si es posible entre 9 y 10 horas diarias y evitando estimulantes. Ocio y tiempo libre: Hay vida más allá de las pantallas, los móviles y la tecnología. Es beneficioso realizar actividades al aire libre con amigos y familiares. Usar protección solar. Descubrir el placer de leer u oír música. Estado mental: En esta época de cambios y de desarrollo de la personalidad se puede sentir inseguridad y tener sentimientos de tristeza, ansiedad y depresión. Si se percibe que no hay salida hay que pedir ayuda a la familia, a una persona de confianza o acudir al pediatra o médico de familia. Autoestima, la importancia de quererse: La aceptación por los demás empieza aceptándose y tratándose bien a uno mismo. Violencia, maltrato, abuso y accidentes: La violencia nunca es justificable ni aceptable. Se debe pedir ayuda siempre que se sufra cualquier tipo de violencia. No beber ni tomar otro tipo de drogas antes de conducir. Drogas: Esta es una etapa con tendencia a comportamientos de riesgo, pero nunca hay que usar las drogas como medio de relación social. Sus efectos en el cerebro son irreparables. Sexualidad: Mantener relaciones sexuales seguras y maduras, protegiéndose con preservativo y aceptando la decisión de la otra persona. Pedir ayuda si se está en apuros. Nuevas tecnologías: La forma de buscar información, aprender, entretenerse o relacionarse han cambiado, pero también suponen un riesgo . Hacer un uso no responsable puede producir adicción, problemas físicos y psicológicos. Se debe ser crítico y controlar la privacidad, así como no contactar con extraños, con comunidades peligrosas o hacer sexting . En este dosier se puede encontrar además de los consejos de salud previamente explicados , direcciones Web, apps, QR o teléfonos de interés.

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Dientes. ¿Por qué los tenemos? ¿Qué hace que salgan?

Existen más preguntas sin resolver que respuestas sobre los mecanismos relacionados con la aparición y el recambio dental en los niños Los seres humanos, como pertenecientes al mundo de los seres vivos, estamos clasificados en el reino animal. Además somos mamíferos y nuestra forma de alimentarnos es de omnívoros (comemos de todo). De acuerdo que hay personas que no son omnívoras, pero es por voluntad propia, no por naturaleza. Así que somos animales mamíferos omnívoros y como tales estamos adaptados en nuestro sistema dental y en nuestro sistema digestivo para comer una dieta variada de vegetales y carne. El tipo de alimentación de la especie tiene mucho que ver con la dentadura y el desarrollo de ésta es común a muchos vertebrados. En la evolución de las especies, los dientes tendrían su origen en unos órganos similares en los peces primitivos que dieron lugar a dientes verdaderos en los reptiles de hace 250 millones de años. Después, hace 200 millones de años, aparecieron los mamíferos y los dientes fueron cambiando de forma hasta los primeros homínidos, hace 3 millones de años. Los dientes evolucionan de acuerdo a progresos como el uso de instrumentos de caza y la utilización del fuego, de modo que los alimentos se modifican y los dientes dejan de ser una cuestión de vida o muerte. Por fin aparece el Homo sapiens hace 30 mil años, nuestro más directo antepasado, con una estructura de la cara y unos dientes de menor tamaño. Todos estos cambios se deben a modificaciones genéticas muy lentas. Hablando en particular del ser humano, la formación de los dientes desde el embrión, después feto, después recién nacido es un proceso complejísimo, determinado genéticamente y que no se conoce completamente. Tampoco se sabe con exactitud el mecanismo por el que los dientes salen o asoman en las encías con un ritmo determinado. La teoría más aceptada es que la producen los ligamentos que rodean la base del diente, mediante su encogimiento y el cruzamiento de sus fibras de colágeno y la contracción de sus células. Mientras la dentición de leche o primaria está presente, se forman las piezas dentales definitivas dentro de las encías en el lactante y niño pequeño, y lo hacen a partir del mismo germen dentario que la pieza de leche a la que sustituyen, lo que proporciona una guía para su salida. La raíz de los dientes de leche forma una especie de camino de salida a los dientes permanentes. Los dientes definitivos, según se acercan al borde de la encía para salir, producen la reabsorción y desaparición de la raíz de las piezas de leche, lo que provoca su caída. Los dientes de leche son fundamentales para el desarrollo de la boca y de la cara. Los músculos de la mandíbula y la formación de los huesos dependen de los dientes de leche y son necesarios para el desarrollo adecuado del lenguaje y de la masticación. Por eso, la pérdida de estos dientes, por caries o por traumatismos, es muy perjudicial para el futuro de la función de mandíbula, la masticación, el lenguaje y el aspecto físico del niño. Todo el proceso está regulado y controlado por las cadenas de ADN del código genético. Sabemos cómo ocurre, pero no sabemos por qué. ¿Dónde puedo encontrar más información? Desarrollo y evolución dental: del pez al hombre Wikipedia: desarrollo dentario

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¡Ningún niño sin pediatra! ¡Ningún niño sin enfermera pediátrica!

La salud de los niños y adolescentes es de especial importancia, pues un buen estado de salud en la infancia repercute directamente en una vida adulta más saludable, con menores costes sanitarios y una mejor calidad de vida para todos. Por ello, la pediatría de Atención Primaria (AP) debe ser una prioridad inaplazable para los responsables del Sistema Nacional de Salud y un derecho para todos los niños y adolescentes Ante la situación actual, en la que ninguna Comunidad Autónoma garantiza al 100 % que la infancia sea atendida en los centros de salud por pediatras de AP y por enfermeras pediátricas, la Asociación Española de Pediatría (AEP), junto con otras sociedades de Enfermería realizaron un manifiesto por el derecho de los niños y adolescentes a ser atendidos por pediatras y enfermeras pediátricas de Atención Primaria donde se plasma lo siguiente: Derecho a la mejor atención Todos los niños y adolescentes tienen derecho a contar con un pediatra de AP. Reconocer esta atención es esencial para hacer efectivo su derecho a “crecer y desarrollarse en buena salud”, como establece la Declaración Universal de los Derechos del Niñoy reconoce también la Constitución Española. El pediatra de AP es la figura fundamental para la atención infantil y de los adolescentes por su formación académica y su intervención mejora los resultados en salud. Del mismo modo, todos los niños y adolescentes tienen derecho a ser atendidos por enfermeras especialistas en enfermería pediátrica, profesionales formadas para proporcionar cuidados especializados, seguros y de calidad. Los menores atendidos en el primer nivel asistencial por pediatras y enfermeras pediátricas reciben una atención más adecuada a su edad y obtienen mejores resultados de salud que aquellos asistidos por otros profesionales : Prescripción ajustada de medicamentos: los pediatras de AP prescriben antibióticos de manera más adecuada según la patología y las guías clínicas, evitando resistencias bacterianas. Además, emplean los medicamentos psiquiátricos más apropiados para la edad del paciente y alineados con las fichas técnicas. Vacunación eficaz: el porcentaje de pacientes vacunados de acuerdo con lo establecido en los calendarios oficiales para cada edades mayor en las consultas de AP atendidas por pediatras y enfermeras pediátricas. Diagnóstico precoz: los pediatras de AP aplican mejor que ningún otro profesional las pruebas de despistaje (screening) disponibles. Seguimiento de patologías crónicas: en enfermedades como la obesidad, el asma y la hipercolesterolemia, el seguimiento que realizan los pediatras garantiza una atención ajustada a los protocolos y guías clínicas específicas por edad. La enfermera pediátrica, asegura la continuidad de cuidados, educación sanitaria y apoyo tanto al paciente como a su familia. Eficiencia diagnóstica: realizan menos pruebas diagnósticas, pero más adecuadas, resolviendo la mayoría de los problemas en el centro de salud y reduciendo la necesidad de derivaciones a otros especialistas. Esto incrementa la eficiencia del Sistema Nacional de Salud. Seguridad: la atención por enfermeras especialistas en pediatría mejora la adherencia a los protocolos para la seguridad en la infancia y disminuye los efectos adversos en los pacientes. Son los profesionales de confianza de las familias Las familias de los menores confían de manera mayoritaria en los pediatras y enfermeras pediátricas de AP y prefieren que sus hijos sean atendidos por estos profesionales cuando tienen que acudir a los centros de salud. Esta preferencia quedó demostrada en la recogida de más de 215 000 firmas en defensa del modelo pediátrico en 2018 y en las manifestaciones que se han sucedido en los últimos años cuando algún barrio o localidad se han quedado sin pediatras, un fenómeno que afecta, en mayor o menor medida, a todas las Comunidades Autónomas y es cada vez más habitual. Un modelo asistencial de excelencia No todos los países cuentan con un modelo de atención pediátrica en AP similar al español, de la misma manera que no todos los países cuentan con un sistema de asistencia sanitaria universal. Sin embargo, en Europa hay más de 25 000 pediatras de Atención Primaria en 19 países. En los países donde la asistencia por parte del pediatra de AP no está garantizada se producen situaciones de falta de equidad, algo que podría darse en España si no se salvaguarda el modelo actual. La garantía de ser atendido por estos especialistas en el centro de salud favorece la igualdad de oportunidades: cuando la atención pediátrica en el primer nivel de asistencia no está garantizada, sólo las familias con más recursos económicos llevan a sus hijos a consultas privadas de pediatría y los hijos de familias con menor poder adquisitivo no tienen acceso, por tanto, no garantizar el acceso a la pediatría de AP supone un recorte de derechos y generaría inequidad entre los menores que pueden acceder a la asistencia pediátrica y los que no. Por tanto, desde esta Sociedades se exige a las administraciones que garanticen el acceso equitativo y universal a la atención pediátrica en los centros de salud. Para más información: ¡Ningún niño sin pediatra! ¡Ningún niño sin enfermera pediátrica!

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Consumo de hortalizas de hoja en los niños

¿Qué son los nitratos? Los nitratos son unos compuestos ampliamente presentes en los alimentos. Se producen en el metabolismo de las plantas, acumulándose en sus partes verdes por lo que se encuentra de forma natural en las verduras, particularmente en las de hoja verde ¿Qué efectos tienen los nitratos sobre la salud? Los nitratos en sí son relativamente poco tóxicos. Su toxicidad viene determinada por su reducción a nitritos. El nitrato se puede transformar en nitrito por reducción bacteriana tanto en los alimentos, durante el procesado y el almacenamiento, como en el organismo por determinados procesos fisiológicos. Los nitritos son sustancias que en grandes cantidades obstaculizan la capacidad de nuestros glóbulos rojos para transportar oxígeno en el cuerpo pudiendo dar lugar a un trastorno que se llama metahemoglobinemia o “síndrome del niño azul”. También pueden formar compuestos (las nitrosaminas) muchos de ellos son carcinógenos. Los grupos más vulnerables son los niños menores de 3 años por sus características fisiológicas (menor actividad de una enzima reguladora). ¿Qué es el síndrome del niño azul? Es una afección grave que se caracteriza, entre otros síntomas, por una coloración de la piel gris azulada debido a la falta de oxígeno que le llega a los tejidos. También puede aparecer irritabilidad o letargia, respiración rápida y alteración del estado mental, y en los casos más graves, problemas cardíacos, coma y convulsiones generalizadas. ¿Que hortalizas se deben evitar en los lactantes? Algunas especies vegetales (acelgas, espinacas y borraja) tienen gran capacidad para acumular nitratos. Teniendo en cuenta las conclusiones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) sobre nitratos en hortalizas, los hábitos de consumo y las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha realizado unas recomendaciones de consumo de hortalizas de hoja con el objetivo de disminuir la exposición a los nitratos en poblaciones vulnerables (bebés y niños de corta edad): Toma de espinacas y acelgas: Evitarlas antes del primer año de vida, pudiendo emplear otras verduras para la alimentación del lactante. En caso de incluirlas antes del año no administrar más de 35 gramos/día. En niños entre 1 y 3 años: Dar menos de 45 gramos/día y evitar en niños que presenten infecciones bacterianas gastrointestinales. Uso de Borraja: se recomienda no incluirla antes de los 3 años de vida. ¿Puede variar el contenido de nitratos en los alimentos? Sí, depende de muchos factores: cantidad de sol, temperatura ambiente y el tiempo de almacenamiento entre otros. Así el almacenamiento inadecuado de hortalizas de hoja cocidas a temperatura ambiente, tanto enteras como en puré, puede hacer que los nitratos se conviertan en nitritos. Por ello las verduras cocinadas se deben conservar en el frigorífico si se van a consumir en el mismo día, si no se deben congelar. El lavado y la cocción de las verduras (desechando siempre al final el agua resultante) ayudan a reducir el contenido en nitratos. Articulo basado en recomendaciones de consumo de hortalizas de la AESAN

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Vacuna del neumococo

¿Qué es el neumococo? Es un germen, una bacteria, que puede producir infecciones graves. Existen más de 100 tipos (serotipos) de neumococo, de los que solo algunos pueden producir infecciones en los seres humanos. Los grupos de edad más vulnerables son los niños pequeños menores de 5 años y, en particular, los menores de 2 años y las personas mayores, sobre todo los mayores de 65 años. Presentar algún factor de riesgo como disminución de la inmunidad o determinadas enfermedades crónicas, predisponen a las infecciones por este microorganismo. ¿Qué enfermedades produce el neumococo? El nombre de esta bacteria proviene de su capacidad para producir neumonía, es decir, una infección en el pulmón, sobre todo en niños de menos de 5 años, en los que es la primera causa de neumonía bacteriana. Pero también causa meningitis , una infección grave, incluso mortal, de las cubiertas que rodean al cerebro y la médula espinal, que es más frecuente en los niños más pequeños, por debajo de los 2 años, y que puede dejar secuelas, como sordera y otras aún más graves, como son la epilepsia o los déficits neurológicos de distintos grados y variedad. Puede provocar además bacteriemia, que es una infección de la sangre y que da lugar a fiebre elevada sin un foco de infección y puede desarrollar un cuadro más grave como es la sepsis, que es el fallo del organismo a causa de la infección. Además, produce otras infecciones no tan graves, pero más frecuentes, como sinusitis y otitis. El neumococo es la segunda causa de otitis media bacteriana en la infancia pudiéndose complicar presentando la llamada mastoiditis, que es una infección profunda a nivel del hueso en esa localización y que puede progresar también dentro del sistema nervioso central con el riesgo que esto supone. ¿Cómo se contagia la enfermedad? Este microorganismo se encuentra habitualmente en las mucosas respiratorias de la nariz y en la garganta, sobre todo de niños pequeños, en los que hasta la mitad son portadores, o sea, que lo tienen y lo transportan aunque no les produzca enfermedad, a esto se le llama encontrarse colonizado por el microorganismo. La bacteria se adquiere por vía respiratoria transmitiéndose desde una persona infectada a otra, y así entra por la boca o la nariz y desde allí puede invadir el oído, el pulmón, la sangre, pudiendo desde allí alcanzar distintos lugares de organismo, como las meninges y causar enfermedad. ¿Quién es más susceptible a estas infecciones por neumococo? El neumococo puede afectar a cualquier niño sano, pero, como se ha comentado, las infecciones graves son más frecuentes en los menores de 2 años, debido a que su sistema de defensa frente a las infecciones no ha madurado lo suficiente para hacer frente a este tipo de microorganismos y no tiene una inmunidad ya entrenada que le defienda, puesto que es la primera vez en su vida que se expone a estas infecciones. Por eso es muy importante entrenar al organismo y dotarle de defensas para esta bacteria, lo cual se consigue con la administración de vacunas desde los primeros meses de vida. Algunos niños mayores y adultos con enfermedades crónicas cardiopulmonares, enfermedades renales, diabetes mellitus, ausencia o mal funcionamiento del bazo (llamada asplenia anatómica o funcional) o con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), o afectados por otras enfermedades que disminuyen las defensas, están más predispuestos a ser atacados por esta bacteria. ¿Por qué debo vacunar a mi hijo contra al neumococo? Se debe vacunar a los niños porque la vacunación es segura y eficaz desde los primeros meses de edad para prevenir las enfermedades graves por neumococo, como la bacteriemia o las meningitis y sus secuelas. También puede disminuir la probabilidad de padecer neumonía y otitis. Aunque las vacunas actuales no protegen frente a todas las variedades de neumococo, se han ido mejorando para ir ofreciendo inmunidad desde los dos primeros meses de edad y con un mayor número de serotipos, protegiendo frente a aquellos neumococos responsables de infecciones que son los más frecuentes y más graves, de modo que gracias a su uso se han evitado muchas enfermedades en un número importante de niños y de adultos. Así, la vacuna del neumococo forma parte del calendario infantil en la mayor parte de los países europeos y es una vacuna que por el beneficio que ocasiona en salud, se administra en los calendarios de vacunación infantil financiados (gratuitos) de muchos países, incluídos también en los países con pocos recursos económicos donde si cabe, la enfermedad es más grave y frecuente. La Asociación Española de Pediatría recomienda la vacunación universal frente al neumococo de todos los menores de 5 años debiéndose realizar ésta con aquellas vacunas que han ido mejorando la cobertura en cuanto a serotipos incluidos en las mismas. ¿Qué vacunas existen frente al neumococo? Las vacunas actuales están preparadas para que sean eficaces también en niños menores de 2 años, que son los más vulnerables. Disponemos en la actualidad de 4 vacunas que se pueden administrar desde los dos meses de edad: una que protege frente a 10 serotipos (VNC10) que actualmente no forma parte de los calendarios infantiles, ni está comercializada en España; la vacuna que protege frente a 13 serotipos (VNC13) y que forma parte actualmente de los calendarios infantiles por su mayor protección al ir diseñada con 13 tipos de neumococo y después están las nuevas vacunas de 15 serotipos (VNC15) y la de 20 serotipos (VNC20), vacunas de reciente aprobación para poder administrar a los niños y que poco a poco están reemplazando en los calendarios a la VNC13. También hay una vacuna más imperfecta porque no produce memoria que lleva 23 serotipos (VNP23) y solo se utiliza en grupos de riesgo, pero a partir de los 2 años de edad. La vacuna de 10 serotipos está autorizada para administrar a niños menores de 5 años y la demás hasta el final de la vida. En personas con un riesgo alto de padecer infecciones graves por el neumococo, tanto adultos como niños mayores, se recomienda que se administren las vacunas de mayor protección en cuanto a serotipos incluidos. Así, desde que se dispone de la VNC15 y de la VNC20, la recomendación es administrar o bien una u otra. Si se administrara la VNC15, se recomienda que se ponga después la VNC20 y si no se dispusiese de ésta, entonces se administre la VNP23, pero teniendo en cuenta que esta vacuna no da una inmunidad duradera y sólo funciona a partir de los dos años de edad. ¿Cómo se vacuna del neumococo? Dependiendo de la vacuna, puede administrarse con una pauta 3+1 o 2+1. Con la VNC13 y la VNC15, la pauta puede ser de 3 dosis, dos en el primer año (2 y 4 meses) y una de refuerzo a los 11 meses (pauta 2+1). Si la vacunación se hace con la VNC20, la pauta deberá constar de 4 dosis, tres en el primer año de vida (2, 4 y 6 meses) y una de refuerzo a los 11 o 12 meses. Esto es lo que ocurre actualmente en España, donde la VNC13 está siendo sustituida por la VNC15 o la VNC20 necesitándose por tanto distintos esquemas según lo comentado previamente. Estas vacunas pueden administrarse a la vez que el resto de las del calendario. En niños de alto riesgo, con enfermedades como las que hemos mencionado previamente que predisponen a las infecciones graves por el neumococo, los esquemas de vacunación recomendados, independientemente del tipo de vacuna empleada, siempre se harán siguiendo la pauta 3+1 en lactantes pequeños, según el esquema 2 meses, 4 meses, 6 meses y 11 meses de edad, empleándose a ser posible vacunas con un mayor número de neumococos y realizándose la vacunación como se ha detallado en el apartado previo. ¿Qué debo hacer si se ha olvidado una dosis? Continuar con el calendario de vacunación, sin necesidad de reiniciarlo. Según la edad en que se retome la vacunación, puede estar indicado administrar alguna dosis menos, por lo que conviene consultar con el pediatra. ¿Son intercambiables las diferentes vacunas? Las vacunas de 10 y 13 serotipos no tienen la misma composición y, ante la ausencia de estudios que lo avalen, no deberían intercambiarse. La VNC13, la VNC15 y la VCNC20 se están actualmente administrando dentro de los calendarios de vacunación infantiles, y estas pueden administrarse completándose los calendarios con las de mayor número de serotipos (VNC15 o VNC20), sin tener que empezar de nuevo la pauta, si es que la vacunación se empezó con la VNC13. En cualquier caso, si hay dudas acerca de la compatibilidad de estos preparados o de cómo completar un calendario de vacunación de un niño, es recomendable consultar al pediatra. ¿Cuándo está contraindicada la vacuna? No deben vacunarse aquellos niños que hayan presentado una reacción alérgica grave (anafilaxia) en una dosis previa o que sean alérgicos a alguno de los componentes incluidos en ella. En los niños que presenten una enfermedad aguda grave debe retrasarse la vacunación hasta su mejoría. Un catarro o una enfermedad leve no son motivos para retrasar la vacunación. ¿La vacuna antineumocócica produce algún efecto indeseable? Esta vacuna es segura, no puede producir la enfermedad y las reacciones más frecuentes son leves, como dolor, enrojecimiento e hinchazón en la zona de la inyección, somnolencia, irritabilidad, disminución del apetito o fiebre moderada en las horas siguientes a su administración. Ante estos síntomas puede administrarse paracetamol o ibuprofeno para mejorar el estado general del niño y que este se encuentre más confortable. Las reacciones graves son muy poco frecuentes. Artículo compartido con el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría.

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Ensayos clínicos en niños

¿Qué es un ensayo clínico? Se llama ensayo clínico a un tipo de estudio de investigación que sirve para conocer el efecto de un medicamento u otra actuación médica en seres humanos, en este caso, niños. Un medicamento es una sustancia o combinación de sustancias que tienen propiedades para el tratamiento o prevención de enfermedades. Para que un medicamento pueda ser autorizado y usado en personas, tiene que pasar obligatoriamente por este tipo de investigación que es la más rigurosa y fiable. Así se puede conocer su calidad, eficacia, seguridad y efectos secundarios. En un ensayo clínico se suelen comparar dos tipos de tratamiento: el medicamento que queremos estudiar frente a otro ya conocido; si no lo hay, puede compararse con una substancia inactiva llamada placebo o frente a ningún tratamiento. El entrar en un grupo u otro suele hacerse mediante un proceso de aleatorización, como si fuera un sorteo, de tal forma que ni el paciente o sus familiares ni el investigador elige el grupo y, por regla general, nadie conoce cuál sustancia está tomando. ¿Son necesarios los ensayos clínicos en niños? La mayor parte de los medicamentos utilizados en Pediatría en las últimas décadas del siglo XX no han sido probados en niños, aunque sí en adultos. Por este motivo, las autoridades sanitarias de la Unión Europea toman la decisión de estimular los ensayos clínicos con medicamentos en los niños y establecen una serie de normas, un verdadero reglamento europeo, para que los niños se beneficien del desarrollo de nuevos fármacos, siendo los niños los verdaderos protagonistas. ¿Qué beneficios y riesgos se pueden esperar de un ensayo clínico? En un ensayo clínico no puede garantizarse un beneficio directo para el participante achacable al medicamento ensayado, aunque pueda tenerlo. Al intervenir el azar, un paciente puede o no recibir el medicamento que se supone va a ser beneficioso. Sí que puede haber beneficios indirectos, no relacionados con el medicamento ensayado, como el sentirse mejor tratado, recibir más atenciones médicas o la satisfacción moral de participar en una actividad investigadora que puede ayudar a otras personas. El ensayo clínico debe estar diseñado para que exista el mínimo riesgo para los participantes; es decir, que el niño no corra ningún riesgo adicional por tomar parte en el ensayo. Tanto los posibles beneficios como los riesgos de participar deben ser explicados de forma clara, comprensible para los padres y, si la edad lo permite, para los niños. No debe existir coacción alguna. ¿Qué procedimientos tienen lugar en un ensayo clínico? En primer lugar el paciente tiene que cumplir una serie de condiciones, los llamados criterios de inclusión y criterios de exclusión. Una vez que el paciente ha sido seleccionado, debe tener conocimiento y ser informado de las características del estudio. En el caso de los niños es más complejo, puesto que ha de hacerse a los padres o responsables y, dependiendo de la edad, a los propios niños. La información debe darse por escrito y estar redactada en términos claros y comprensibles. Además, la familia debe tener la oportunidad de recibir información de palabra sobre lo que no entienda o quiera que se le aclaren. En ocasiones puede haber toma de muestras de sangre o de otros tejidos para análisis genéticos o para su conservación para realizar estudios en el futuro. Esta posibilidad requiere de una información adicional. Es conveniente disponer de personal con experiencia en el trato con menores para que la información sea adecuada a su capacidad de entendimiento. Tras haber recibido la información, ha de haber un periodo de reflexión, por parte de los responsables y del niño, para que decidan su participación y dar el consentimiento libre, voluntario y consciente, con la firma del documento correspondiente. El consentimiento, en el caso de los ensayos clínicos, se obtendrá de los padres o representantes legales, pero deberá reflejar la presunta voluntad del menor. Si éste tiene más de 12 años deberá prestar su asentimiento para participar en el ensayo. En todo caso, el investigador aceptará el deseo explícito del menor de negarse a participar en el ensayo o de retirarse en cualquier momento, cuando éste sea capaz de formarse una opinión en función de la información recibida. No se debería incluir a un menor en un ensayo clínico en contra de su opinión, aunque los padres den el consentimiento, salvo en circunstancias excepcionales. ¿Cómo se garantiza la seguridad y el respeto de los derechos de los participantes? Mdiante el marco legal se establecen los procedimientos legales y los sistemas de control desde que se inicia hasta que finaliza el ensayo clínico. Destaca un reglamento europeo de 2014 que incorpora como puntos clave de garantía, por un lado, la protección de los derechos del menor y , por otro, la necesidad de que participen en la evaluación de los ensayos clínicos expertos con formación o experiencia en el trato con menores. Para adaptarse a la normativa europea, el legislador español aprueba un real decreto en 2015. La Ley de Investigación Biomédica del año 2007 regula los aspectos del tratamiento de muestras biológicas y estudios genéticos. Los ensayos clínicos tienen que ser autorizados por los Comités de Ética de la Investigación con medicamentos, que han de otorgar un dictamen favorable. Además, el promotor del estudio, que puede ser una organización pública o privada (generalmente empresas farmacéuticas y similares) tiene la obligación de poner en conocimiento del Ministerio Fiscal las autorizaciones de los ensayos clínicos cuya población incluya a menores. ¿Qué pasa cuando se termina el ensayo? El promotor debe realizar un informe final con los resultados del ensayo clínico. Estos resultados se han de presentar a las autoridades sanitarias que lo aprobaron, que son las que decidirán si se autorizará el uso del medicamento investigado en el ensayo clínico. El promotor puede publicar los resultados en revistas científicas, pero siempre conservando el anonimato de los pacientes que participaron. Artículo elaborado por el Comité de Bioética de la Asociación Española de Pediatría .

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Los disruptores endocrinos, el autismo y la discapacidad intelectual

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas variadas derivadas de pesticidas, plásticos, cosméticos y otros productos, que pueden afectar principalmente al sistema endocrino de los seres vivos y se podrían acumular en los tejidos durante la época embrionaria. Existe una preocupación creciente sobre su implicación en problemas del neurodesarrollo de los niños como los trastornos del aspecto autista (TEA). Es necesario realizar estudios que aclaren si existe esta relación. En California, se hizo un estudio en niños diagnosticados de TEA o discapacidad intelectual. Analizaron la presencia de 25 disruptores en muestras de sangre de las madres cuando estaban entre las semanas 15 y 20 del embarazo y de sangre de los recién nacidos. Los resultados de los niños con TEA o discapacidad intelectual se compararon con los de un grupo de niños control sin esos diagnósticos. De las 25 sustancias analizadas, se encontró que los niveles en la sangre de las madres y los recién nacidos no fueron distintos entre los niños de los dos grupos (afectados de TEA o discapacidad intelectual y control). Estos resultados no encuentran que los niveles de determinados disruptores endocrinos se relacionen con autismo o discapacidad intelectual. Todo esto supone un alivio en la necesidad de controlar lo que resulta sumamente difícil: los niveles de residuos químicos de contaminantes cotidianos y universales. Sin embargo, parece necesario continuar con más estudios que apoyen estos resultados o aporten nuevos datos. Para más información: https://evidenciasenpediatria.es/info_padres/7447/los-disruptores-endocr...

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Meningococo en el colegio

Aunque el riesgo es bajo, en el colegio y en la familia es donde se produce el contagio del meningococo. La transmisión se produce al toser, estornudar o por contacto con las manos que llevan secreciones respiratorias. ¿Qué puede hacerse desde la escuela? La meningitis bacteriana es una enfermedad de declaración obligatoria, es decir, que ante la sospecha de aparición de un caso, se comunica de forma urgente a las autoridades sanitarias competentes para que adopten las medidas de prevención adecuadas. Así, cuando se confirma la presencia de la enfermedad en un niño hay que tomar precauciones en su entorno, comenzando por el colegio, para evitar los contagios. Los servicios de Salud Pública de las comunidades autónomas españolas, de acuerdo a sus protocolos de actuación, se pondrán en contacto con la guardería o escuela para trasladar toda la información a los padres. Los padres de los otros niños deben tener en cuenta que no hay riesgo en seguir llevando a estos al centro escolar. El paciente, una vez recuperado y acabado el tratamiento, podrá reincorporarse al colegio sin problemas si el médico responsable lo determina, porque no hay riesgo de contagio para el resto de sus compañeros. Además, deberá recibir las vacunas correspondientes antimeningocócicas si no las tiene administradas. ¿Quiénes tienen más riesgo de contagio? Después de un caso de enfermedad meningocócica, el riesgo de que aparezca otro caso es pequeño. Los contactos estrechos, es decir, aquellas personas que han podido estar expuestas a las secreciones nasofaríngeas del enfermo, en los 10 días anteriores al desarrollo de la enfermedad, tienen mayor riesgo de contagiarse que el resto de la población. Se estima que la transmisión aérea de la bacteria solo se produce en distancias menores de un metro. El riesgo es mayor durante los primeros 7 días desde que aparece la enfermedad. Dentro de este grupo de contactos estrechos estarían, por ejemplo, los convivientes del hogar, los compañeros de guardería o aquellas personas que hayan compartido frecuentemente la misma habitación para dormir. En estos casos es aconsejable que, durante los siguientes 10 días, se vigile si hay algún síntoma de la enfermedad, especialmente fiebre, y si lo hubiera, acudir entonces al pediatra. Tratamientos preventivos Para prevenir casos secundarios es posible que los contactos más cercanos del enfermo deban tomar un medicamento preventivo durante varios días, para erradicar la bacteria de la garganta. Es recomendable que el tratamiento se administre, preferentemente, en las primeras 24 horas después del diagnóstico del primer caso. También conviene comprobar si los contactos están vacunados frente a la bacteria que causó la infección en el primer paciente. Actualmente, la vacunación frente al meningococo C está incluida en los calendarios vacunales de todas las comunidades autónomas españolas. Además, también está disponible la vacuna frente al meningococo B , ya financiada en todas las comunidades y ciudades autónomas para lactantes con la pauta 2, 4 y 12 meses y también para grupos de riesgo. Para aquellos en los que no esté financiadaa se puede adquirir en las farmacias con receta médica. En 2025 la AEP la recomienda también a los 12 años con cualquiera de las 2 vacunas para los que no la hayan recibido nuca y la aplicaión de una dosis de refuerzo a los 12 años para aquellos que la hayan recibido en la lactancia o en la infancia. Finalmente, la vacuna antimeningocócica tetravalente MenACWY está en los calendarios financiados de toda España a los 12 años y con un rescate hasta los 18 años. La Asociación Española de Pediatría la recomienda a los 4 y 12 meses y a los 12 años con rescate hasta los 18 años. Muchas comunidades autónomas financian esta vacuna a las edades que recomienda la AEP.

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