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Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles

Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles

El Artículo 1 de la convención de las Naciones Unidas sobre los derechos del Niño define al niño como un ser humano por debajo de los 18 años de vida. En general, se extiende la edad de la infancia hasta los 19 años, como figura en la mayoría de los informes referentes a LESIONES en la Infancia.

LESIÓN es el daño físico que se produce cuando el cuerpo humano es sometido a la descarga de cantidades de energía que superan el umbral fisiológico o se ve privado de elementos vitales como el oxígeno. La energía puede ser mecánica, térmica, química o radiante. Las principales causas de LESIONES no-intencionales son las producidas por tráfico en carreteras, envenenamientos, ahogamientos, caídas y quemaduras.

Las LESIONES constituyen la primera causa de muerte en la infancia entre los 5 y 18 años de edad en la Unión Europea. Son también la principal causa de dolor, sufrimiento y discapacidad que a lo largo de la vida pueden tener consecuencias graves sobre el desarrollo físico, psíquico y social del niño lesionado. Además, determinan un importante drenaje de recursos sanitarios y sociales a corto y largo plazo.

Solo en las últimas décadas se ha reconocido a las LESIONES como un problema que puede ser prevenido mediante acciones coordinadas de salud pública. El pensamiento ha cambiado en el sentido de aceptar que la prevención de LESIONES es responsabilidad de la sociedad y reconocer que la sistemática en la prevención de LESIONES, basada en la evidencia, es una respuesta más efectiva que verlas como productos del azar o de accidentes inevitables.

La prevención de lesiones se realiza de tres maneras: la Prevención Primaria que intenta evitar las lesiones en su origen: p.ej. puertas de seguridad en las escaleras para evitar las caídas o limitar el consumo de alcohol en relación a la conducción de vehículos.

La Prevención Secundaria intenta disminuir la intensidad de las LESIONES una vez producido el evento: cascos en las bicis, las alarmas de humo, que si bien no evitan el incendio, permiten la evacuación antes de que se produzcan quemaduras o lesiones por inhalación. Finalmente, la Prevención Terciaria, destinada a disminuir el efecto de las lesiones o sus secuelas a través de primeros auxilios y de una atención inicial del trauma pediátrico adecuada.

Para el ejercicio efectivo de la prevención de LESIONES tenemos que reconocer el carácter medio ambiental de la enfermedad, que se produce en un ambiente no preparado para las características físicas y psicológicas de los niños, así como el hecho indudable de que las lesiones afectan de manera desproporcionada a los niños más desfavorecidos de la sociedad, en la cual existen grandes diferencias. También los niños con minusvalías son más vulnerables en un medio no apto para su movilidad.

Las LESIONES intencionadas, en general, se producen en niños que viven en condiciones de precariedad afectiva, económica y social. El suicidio en la infancia ha dejado de ser una rareza no identificada para ser una causa frecuente de muerte, así como el maltrato cada vez más frecuente y mejor identificado.

La adopción del nombre de Comité para la Seguridad y la Prevención de LESIONES en la Infancia se basa en estos conceptos. Su función es participar activamente en la AEP y en la Sociedad para intentar mejorar el control de esta enfermedad. Se ha cambiado el nombre de Prevención de Accidentes por el actual, más adecuado y en consonancia con la terminología internacional.

Objetivos del grupo

Objetivo principal:

  • Contribuir a la reducción de la morbi-mortalidad infantil producida como consecuencia de las lesiones infantiles.

Objetivos secundarios:

  • Conocer la realidad de la morbi-mortalidad infantil debida a lesiones infantiles en nuestro medio
  • Colaborar con las Instituciones y otras Sociedades científicas, nacionales e internacionales que puedan ayudarnos a conseguir nuestros objetivos
  • Divulgar a nivel de profesionales, y de la sociedad en general los conocimientos existentes sobre el tema
  • Estimular la aplicación de las medidas de prevención a todos los niveles
  • Participar activamente en todos los acontecimientos científicos y sociales que sirvan para conseguir nuestro objetivo.

Actividad

En el año 2010 se redujo la mortalidad por accidentes de tráfico un 24% respecto al año precedente, aunque estos accidentes siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en niños. También se insiste en extremar las precauciones de los niños como peatones.

Según datos de la Dirección General de Tráfico, el 88% de los niños menores de 13 años que viaja en coche lleva el elemento de retención adecuado a su peso y edad. Como señala el Dr. Juan Carlos González Luque, del Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones de la Asociación Española de Pediatría (AEP), y responsable de Investigación de la DGT, “en los últimos años se ha producido un aumento significativo de la concienciación en torno a las medidas de seguridad de los niños en materia de tráfico”. Así lo reflejan los datos de mortalidad. En el año 2010 se redujeron los fallecimientos por accidente de tráfico un 24% con respecto al año anterior, sin embargo, sigue siendo una de las principales causas de mortalidad infantil.

Por ello, la Asociación Española de Pediatría insiste en la necesidad de tener instalados en los coches las sillas adecuadas a la edad y peso del niño en todas las edades. González-Luque alerta en especial “del cambio de conducta respecto a los niños más mayores, por encima de 8 años, ya que”, como destaca, “es frecuente que a estas edades los padres premien a los menores con viajar sólo con el cinturón de seguridad, sin los elementos de retención que serían aconsejables. Una práctica menos segura para los niños en caso de colisión del vehículo”. Se estima que el uso adecuado de las sillas de seguridad podría evitar gran parte de los fallecimientos y lesiones por esta causa.

Prevenir los accidentes de tráfico, como explica el portavoz Comité de Seguridad y Lesiones de la AEP, es posible en gran medida cumpliendo con una serie de recomendaciones de seguridad. “Cuando se emprende un viaje hay que empezar a prepararlo desde que se sale de casa y hasta que se llega al sitio de destino. Esto pasa, por tanto, por acondicionar el automóvil con todas las medidas de seguridad necesarias para que vayan protegidos y, por supuesto, también los adultos. Hay que adecuar el viaje a las condiciones de los niños, manteniendo descansos frecuentes. Los padres no deben consumir bebidas alcohólicas y tienen que moderar la velocidad. Un atropello por encima de 40 kilómetros es probablemente mortal”, puntualiza.

Comportamientos de riesgo

Una de las preocupaciones de los especialistas en seguridad vial lo constituyen los comportamientos de determinados colectivos, y destaca, “por ejemplo, los transportistas y el impacto en los niños de conductas reincidentes relacionadas con el consumo de sustancias por parte de los adultos”.

Por otro lado, también durante el periodo estival se registran  accidentes de menores peatones. De hecho, el 29% de los fallecimientos se produjo por atropellos a menores. “El desconocimiento de las vías, el volumen de tráfico y otras situaciones de riesgo incrementan el riesgo de atropello de niños”. Por ello, se insiste en extremar las precauciones.

Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre Seguridad vial

  • Utilizar siempre, tanto en carretera como en ciudad, elementos de retención (ERI) adecuados a la edad y peso del niño, a todas las edades, incluso en los niños mayores.
  • Llevar siempre a los niños en las plazas posteriores de los vehículos.
  • Ajustar adecuadamente el ERI al vehículo y el niño al sistema de retención. Los arneses o los cinturones del ERI deben ajustarse sobre el cuerpo del pequeño, sin holguras.
  • Adecuar el viaje, en lo posible, a las necesidades de los niños, manteniendo descansos frecuentes (cada dos horas como máximo), evitando las temperaturas extremas dentro del vehículo y dando de beber con frecuencia a los más pequeños.
  • Vigilar estas recomendaciones en los desplazamientos en el lugar de destino, aún cuando las distancias recorridas sean pequeñas.
  • Tener precaución como peatones menores en el lugar de vacaciones, donde el desconocimiento de las vías, el volumen de tráfico y otras situaciones de riesgo hacen más probable el atropello a los niños.
  • Finalmente, los adultos han de tener una actitud responsable y ejemplar, extremando el cuidado con el uso del cinturón de seguridad y el casco, con la abstinencia de consumo de bebidas alcohólicas antes de conducir y con la moderación de la velocidad en carretera y en vía urbana. Recordar que un atropello por encima de 40 kilómetros por hora es, muy probablemente, mortal.

Gabinete de prensa AEP:
Teresa Obregón / Marina Tocón
Tlfno: 91. 787.03.00/ 687.720.280/ 687.720.287
tobregon@plannermedia.com/mtocon@plannermedia.com

Existen actualmente en el mercado español unos mordedores con vibración cuyo objetivo es el de aliviar el dolor del bebé durante la erupción dental. Se trata de mordedores como los habituales, con la característica diferencial de que al morderlos vibran y con ello se pretende estimular la circulación de las encías y aliviar el dolor del niño.

No existe ninguna publicación científica, que conozcamos, que demuestre las ventajas de este tipo de mordedores. Existen en cambio algunas informaciones, no demostradas en trabajos científicos, que hablan de que el nivel de vibración que producen podría lesionar el esqueleto, a nivel de cuello y columna, del pequeño.

Es obligado tener en cuenta que, aunque el dolor de la erupción dental puede ser molesto en muchos niños, existen numerosas formas de aliviarlo, que se trata de una evolución normal en el crecimiento del niño y que, habitualmente, no se trata de un dolor insoportable.

Desde el Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles, teniendo en cuenta que no están demostradas las ventajas del uso de estos mordedores y que, en cambio, existe alguna duda de su posible peligrosidad, recomendamos, mientras no dispongamos de más información, el no usarlos o hacerlo de la forma más restringida posible.

Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones Infantiles de la Asociación Española de Pediatría

Las pilas de botón suponen un serio peligro para los niños, ya que pueden ingerirlas y sufrir graves consecuencias.

La revista Pediatrics ha publicado recientemente un estudio descriptivo, realizado en EE.UU., que analiza los casos detectados a lo largo de 20 años. La preocupación surge sobre todo porque se ha observado el mayor uso doméstico de pilas de litio de 20 mm (un 37,7% se encontraban en mandos a distancia) que son, además, las que producen mayores daños, incluso la muerte, debido sobre todo a que por su mayor tamaño quedan alojadas en el esófago cuando son deglutidas por el niño; en menos de dos horas producen quemaduras graves por las reacciones químicas que desencadenan.

El hecho de que los síntomas pueden ser en sus inicios muy inespecíficos, sumado a que en la mayoría de los casos no fue presenciada la ingestión de las pilas, puede retrasar el diagnóstico y, por tanto, empeorar el pronóstico.

Los niños menores de 6 años habían extraído, en un 61,8% de los casos, la pila del interior del juguete u objeto que la alojaba correctamente, siendo solo el 30% los que la ingirieron por encontrarla suelta o mal sujeta.

Se han descrito también casos de perforación del tabique nasal por introducción de la pila en la nariz.

Aunque no existe una evidencia de que, en nuestro medio, la ingesta de estas pilas sea actualmente muy frecuente ni que las consecuencias, hasta ahora, sean demasiado graves, creemos que es importante advertir a los pediatras del riesgo y realizar las siguientes recomendaciones para prevenir este accidente:

Los pediatras deben recomendar a los padres que:

  • Mantengan fuera del alcance de los niños las pilas de botón y los objetos que las contienen (mandos a distancia y otros objetos portadores de pilas de botón).
  • Vigilen que la tapa de las baterías esté debidamente cerrada y, en caso de que esté estropeada o rota, asegurarse de que quede correctamente cerrada (por ejemplo, con una cinta adhesiva resistente).
  • No dejen ninguna pila de botón, incluyendo las usadas y reciclables, sueltas en cualquier superficie.
  • No dejen que los niños jueguen con las pilas de botón.

Los pediatras y personal sanitario deben:

  • Tener en cuenta este posible diagnóstico ante síntomas de posible ingestión de cuerpo extraño y ante la presencia de síntomas de sospecha y actuar en consecuencia procurando eliminarla, lo antes posible.
  • Advertir a los cuidadores de los niños, en especial a los padres de niños menores de 6 años, de los peligros de las pilas de botón y de que éstas se encuentren al alcance del niño.

Sería deseable que los fabricantes tuviesen en cuenta que las tapas que contienen las pilas de botón deberían tener un mecanismo de apertura que requiera una herramienta (destornillador) o mecanismo (empujar y girar) para que el niño no los pueda abrir.

Bibliografía

  1. Guidera AK, Stegehuis HR. Button batteries: the worst case scenario in nasal foreign bodies. N Z Med J 2010;123:68-73.
  2. Litovitz T, Whitaker N, Clark L. Preventing battery ingestions: an analysis of 8648 cases. Pediatrics 2010;125: 1178-1183.
  3. Litovitz T, Whitaker N, Clark L, White NC, Marsolek M. Emerging battery-ingestion hazard: clinical implications. Pediatrics 2010;125:1168-1177.

Más del 70% de los niños con edades comprendidas entre los 5 y 14 años montan en bicicleta. Esta actividad, aunque supone un medio popular de transporte y una actividad deportiva recomendable, no está exenta de riesgos.

En España, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), aproximadamente un 20% de los fallecidos en accidente de tráfico entre 10 y 14 años eran usuarios de bicicleta. Las lesiones en la cabeza fueron la causa principal de fallecimiento. 

El uso del casco en bicicleta puede prevenir o reducir el riesgo de sufrir lesiones graves de cabeza, incluso cuando la causa del accidente es una colisión con un automóvil. La capacidad protectora del casco se basa en absorber parte de la energía y distribuir el pico máximo de energía del golpe sobre una superficie mayor, y aumentar el tiempo de transferencia.

A través de estudios realizados al respecto, se estima que el uso correcto del casco en la bicicleta reduce el riesgo de lesión craneal y cerebral en un 63-88%, y el riesgo de fallecimiento es un 26% menor. Pese a ello, la gran mayoría de los usuarios de bicicletas, incluidos niños, no utilizan el casco, o lo usan de manera inadecuada.

Como reconoce la Ley 43/1999 de 25 de noviembre 1999 sobre adaptación de las normas de circulación a la práctica del ciclismo (BOE, 283 del 26 de noviembre 1999), “Los conductores y, en su caso, los ocupantes de bicicletas estarán obligados a utilizar el casco de protección en las vías interurbanas bajo las condiciones que reglamentariamente se establezcan.”  Esta normativa solo se puede obviar en rampas ascendentes muy prolongadas, en caso de calor extremo o si el ciclista acredita razones médicas.

En cuanto a las vías urbanas, aunque no es obligatorio el uso del casco, desde organismos como la DGT se recomienda utilizarlo en cualquier tipo de vía.

Recomendaciones del comité de seguridad y prevención de lesiones en la infancia
  1. Todos los niños y adolescentes deben utilizar el casco cada vez que circulen en bicicleta.
  2. Los padres y demás adultos deben ponerse el casco siempre que utilicen la bicicleta.
    • Los padres deben dar ejemplo a la hora de promover conductas seguras para sus hijos, y explicarles por qué es necesario proteger su cabeza. 
  3. El casco debe usarse correctamente.Para ello tiene que: 
    • Estar homologado por los organismos competentes. Los requerimientos estándar especifican que el casco ha de ser duradero, de peso reducido, bien ventilado, fácil de quitar y poner, debe permitir su uso con gafas y no interferir en la capacidad de oír el ruido del tráfico. También debe ofrecer un ángulo de visión de al menos 105º hacia izquierda y derecha, un ángulo de 25º hacia arriba y de 40º hacia abajo.
    • Estar en perfecto estado: Se debe cambiar de casco si ha sufrido un golpe, si está dañado o si se ha quedado pequeño. Así mismo se recomienda que, aunque aparentemente se encuentre en perfecto estado, se cambie por lo menos cada 5 años o cuando el fabricante lo recomiende.
    • Tener el tamaño adecuado: Los cascos vienen en varios tamaños según el fabricante. El tamaño adecuado debe corresponderse al tamaño del perímetro cefálico. Los cascos suelen traer almohadillas adicionales o un anillo de ajuste para que ajusten bien en cualquier cabeza.
    • Estar correctamente colocado: Debe encajar cómoda y firmemente sobre la parte superior de la cabeza, cubriendo la parte superior de la frente (a uno o dos dedos por encima de las cejas). Así mismo las correas laterales y de la barbilla, como la hebilla, deben estar debidamente ajustadas de tal manera que quede ceñido y cómodo. El casco no se debe mover de lado a lado ni de adelante hacia atrás.
  4. En el caso de los niños pequeños que van como pasajeros:
    • Además de usar un casco debidamente ajustado, deben viajar en un asiento adicional homologado.
    • Según el Reglamento General de Circulación, el conductor de la bicicleta debe ser mayor de edad y el pasajero no tener más de 7 años, debiendo viajar en un asiento homologado. Los remolques para bicicletas que parecen ser más seguros para el transporte de niños todavía no están contemplados en la normativa española.
    • Para el transporte seguro de niños en la bicicleta, éstos al menos deben ser mayores de 1 año, edad a la cual poseen la suficiente fuerza muscular para controlar la movilidad de la cabeza en el caso de que se tenga que frenar bruscamente, aún con el peso adicional del casco.
  5. Padres y niños deben conocer todos los aspectos esenciales acerca del uso seguro de la bicicleta.
    • La utilización del casco es solo uno de los aspectos de la seguridad en la bicicleta. Tanto padres como niños deben conocer y adoptar otras medidas de seguridad como pueden ser:
      • utilizar vestimenta adecuada,
      • llevar un reflectante trasero rojo en la bicicleta,
      • llevar ropa reflectante al anochecer así como una luz blanca delantera y roja trasera, y
      • estar familiarizado con las normas de circulación por las vías públicas.
El papel del pediatra

Existe evidencia de la efectividad del consejo sanitario en la prevención de lesiones y accidentes en los niños. Los pediatras en general deben:

  • Alentar a los padres para fomentar el uso del casco cuando sus hijos comienzan a montar en triciclos o cualquier vehículo o juguete con ruedas.
  • Informar a los padres y a los niños y niñas acerca de la importancia de llevar casco cuando se monta en bicicleta, y el peligro en caso de no usarlo. Esta información es sobre todo importante para los adolescentes, puesto que son los que más se resisten a llevarlo puesto.
  • Recomendar a los padres y demás adultos que lleven el casco también, para dar ejemplo.
  • Participar en campañas de ámbito comunitario para fomentar el uso del casco de bicicleta en la infancia y la adolescencia.
Conclusiones

El casco de bicicleta es una de las pocas medidas de seguridad pasiva que tienen los ciclistas (tanto niños como adultos) a su alcance para minimizar los daños en una caída.

Si el uso del casco en la edad adulta es importante, su colocación en los niños y adolescentes es esencial. Estas edades son claves para inculcar la importancia de pedalear siempre protegidos y para resguardar la cabeza de quienes menos suelen ver el peligro.

Bibliografía
  1. González Luque JC. Lesiones Infantiles por Accidente de Tráfico en España: magnitud de un problema prevenible. Rev Pediatr Aten Primaria, 2007; 9: 133-47.
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  3. Centers for Disease Control and Prevention. Injury-control recommendations: bicycle helmets. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 1995; 44(RR-1):1-172. 
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  5. American Academy of Pediatrics. Committee on Injury and Poison Prevention. Bicycle Helmets. Pediatrics. 2001;108: 1030-32
  6. Instituto de Tráfico y Seguridad Vial (INTRAS). Los niños víctimas de los accidentes de tráfico (2000-2004). Informe técnico. Madrid: Dirección General de Tráfico; 2005. 
  7. Ley 43/1999, de 25 de noviembre, sobre adaptación de las normas de circulación a la práctica del ciclismo. BOE 283 de 25 de noviembre de 1999.
  8. Real Decreto 965/2006 de 1 de septiembre por el que se modifica el Reglamento General de Circulación, aprobada por el Real Decreto 1428/2003 de 21 de noviembre, BOE 212, de 5 de septiembre de 2006
  9. Esparza Olcina MJ y Grupo PrevInfad. Prevención de Lesiones Infantiles por Accidente de Tráfico
  10. Ramos Polo E, Pérez Solís D. Sociedad de Pediatría de Asturias, Cantabria y Castilla y León (SCCALP). Utilización segura de la bicicleta en la infancia.
  11. Towner E, Dowswell T, Burkes M. Bicycle helmets: a review of their effectiveness: a critical review of the literature
  12. American Academy of Pediatrics. The Injury Prevention Program (TIPP).

Información para profesionales sanitarios. Existe una versión elaborada para el público general.


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